¿Es la Iglesia homofóbica?

de Sean Doherty

Me convertí al cristianismo a los veinte años, y fue poco después de eso que llegué a la conclusión de que era gay. Estaba comprometido con el celibato, porque habiendo explorado los diferentes puntos de vista de la Iglesia sobre la homosexualidad, no encontré la actitud más acomodadora a las relaciones entre personas del mismo sexo convincente de un punto de vista bíblico.

En la universidad decía que era gay, y los demás cristianos jamás me trataron de una manera homofóbica (¡aunque sí recibí muchas críticas acerca de mi compromiso con el celibato!). Esto me ha convencido de que el amor y la aceptación de gente gay no requiere la aprobación de la actividad sexual entre personas del mismo sexo. Constantemente experimenté amor y aceptación

el amor y la aceptación de gente gay no requiere aprobación de la actividad sexual entre personas del mismo sexo.

Al mismo tiempo, los líderes cristianos que yo respetaba se hicieron claros en su enseñanza de que el sexo era un hermoso don de Dios que sólo  tenía sentido en el matrimonio. Así que nunca he visto una contradicción entre el amor incondicional y la dirección moral clara. Experimenté las dos cosas. En realidad, sostendría que cada uno es necesario para el otro. Como cristiano, no puedes ofrecer a otra persona  la dirección moral a no ser que estés dispuesto a aceptarla y a amarla tal como es - justo como Jesús nos acepta y nos ama tal como somos. Al mismo tiempo, si no estás dispuesto a ofrecer una orientación a alguien acerca de cómo vivir una vida saludable y devota, no le amas de verdad. Jesús nos ama incondicionalmente. Pero es porque nos ama que nos llama a vivir vidas santas; y por lo tanto, felices.

En la universidad, asistí a una iglesia anglicana evangélica carismática de la cual uno de los cleros sabía que me identificaba como gay. Esta fue una iglesia  importante en la oposición al nombramiento de un obispo que tenía una relación (célibe e) con una persona del mismo sexo. Pero el ministro que sabía de mi sexualidad me animó a formar parte del  grupo de alabanza (musical) y el grupo de ministerio de oración; también me invitó a predicar un par de veces durante eventos estudiantiles. Estaba muy involucrado en la Unión Cristiana de mi universidad, y servía como parte del comité ejecutivo durante un año, trabajando junto con otros jóvenes evangélicos. Todos sabían que era gay, y no me trataron jamás con nada menos de gran respeto y cariño. El capellán evangélico de la universidad, que también era muy conservador sobre la sexualidad, me animó mucho a considerar la ordenación.

Esta iglesia me parecía un lugar profundamente comprensivo que me ratificaba.

Así que, por lo menos en mi experiencia,  era claro que la cuestión para los evangélicos era uno de comportamiento y no de orientación. Esta iglesia me parecía un lugar profundamente comprensivo, que ratificó mí posición. Me apoyó, me dio responsabilidad en el ministerio, y me animó a procurar la ordenación. No se puede negar ni defender que en la Iglesia ha habido prejuicio e incluso maltrato de los individuos a causa de su sexualidad. Pero mi experiencia me ha convencido de que este prejuicio y maltrato no viene por creer lo que dice la Biblia acerca del matrimonio y el sexo. La Biblia también habla de tratar a las personas con "gentileza y respeto" (1 Pedro 3:16) y eso es lo que los cristianos bibliocéntricos que yo conocí me mostraron.